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lunes, 24 de noviembre de 2008

Violencia de Género

AGRESORES
El enemigo en casa




LA MUJER ES UN OBJETO QUE LE PERTENECE. Y cuando no acata sumisamente su voluntad, cuando se le ocurre 'rebelarse', se siente humillado y recurre a la violencia. Ésta es la clave de la conducta del maltratador. Un hombre celoso, posesivo y controlador, que actúa como si tuviese una especie de derecho natural para degradar a su pareja.

Las palabras de uno de estos hombres, sometido a terapia con el psicoterapeuta Luis Bonino en el Centro de Estudios de la Condición Masculina de Madrid, lo confirman: «Ella no me hace caso y no puedo aguantar que tenga una opinión diferente a la mía». Por eso, cuando su mujer no se adapta a sus ideas, a él «se le va de las manos». Y responde con violencia.

La mayoría de estos hombres tienden a minimizar los efectos de su conducta, suelen recurrir a la mentira y no se reconocen como maltratadores. Los golpes que propinan a la mujer se transforman en una simple «pelea» cuando quien lo cuenta es el agresor. Los insultos y gritos, en comunes «problemas de pareja». Tampoco son conscientes del daño que hacen. Simplemente ponen a sus mujeres «en el lugar que les corresponde»: siempre por debajo de ellos.

El complejo de inferioridad y la poca autoestima que suelen tener convierten cualquier 'desaire' -así ven cualquier opinión o conducta que no se ajuste a su punto de vista- en una ofensa a su virilidad. Un sentimiento de humillación que quieren eludir a toda costa. Para ello, optan por el extremo contrario y buscan en las palizas a sus mujeres un poder que se les niega en la calle. Por eso no se resignan a perderlas. Las necesitan vitalmente para desahogarse. Y encuentran la excusa perfecta cuando a ellas se les ocurre llevarles la contraria. «Discutimos porque ella quería cambiar de trabajo, pero a mí me parece bien el que tiene. Después no sé que pasó, la golpeé y la dejé un ojo morado», cuenta un paciente de Bonino.

¿EXISTE UN PERFIL DEL HOMBRE MALTRATADOR?

Socialmente no hay un prototipo de maltratador; puede ser de clase alta o baja, con estudios o sin ellos, joven o viejo. «Es un perfil plano», dice Bonino, que trata a unos 50 de estos hombres al año. Su conducta no tiene por qué estar ligada al consumo de alcohol o drogas -en el 80% de los caso no lo está- y tampoco a desviaciones psíquicas. En contra de lo que pueda parecer, la mayor parte de los agresores no son enfermos mentales. Según Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco y pionero en España en la aplicación de terapias a hombres maltratadores, «el 20% de ellos sí presenta un trastorno mental –alcoholismo, esquizofrenia paranoide, trastorno delirante…-. Pero el 80% son ‘normales’; no existe un trastorno grave, aunque sí presentan alteraciones de la personalidad y cognitivas, como un machismo extremo o la justificación del uso de la violencia para resolver problemas».

«Lo único que tienen en común es que son hombres y que tienen muy interiorizada la idea de que la mujer está a su disponibilidad», afirma Bonino. Según asimilen más o menos esta idea se convertirán en un tipo diferente de agresor: asesinos, violentos físicos o psicológicos, controladores… En ocasiones los hombres con mayor status social y cultural recurren a formas más sutiles de violencia, como la psicológica, mientras que los que tienen un nivel cultural menor optan directamente por los golpes.

La mayoría no son agresivos de forma habitual. Ejercen su violencia de forma selectiva, sólo con su mujer. Por eso es tan difícil reconocerlos. Además, desarrollan una especie de doble personalidad «hacen lo que corresponde hacer a un hombre cuando están en público: tratar bien a su mujer; pero son unos tiranos en privado», según Bonino. «Esta doble fachada es más acusada en los maltratadores que ejercen violencia física».

Además suelen presentarse a sí mismos como víctimas. «Discutimos y ella me dijo que no aguantaba más y que se iba. Yo la empujé y se cayó». Así describe un ingeniero de 28 años una de las agresiones a su pareja. «Tuvimos un desencuentro, le grité y se asustó», «me provocó», «si se hubiese quedado callada no habría pasado nada», dicen otros.

Los valores machistas que imperan en la sociedad han calado hondo en estos hombres, llevándoles a extremos límite. Muchos incluso sufrieron maltratos en su infancia y han interiorizado la violencia como un comportamiento normal. Los golpes y los gritos son su único recurso. La única forma de enfrentarse a una vida que no transcurre como a ellos les gustaría.

RAQUEL QUÍLEZ

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lunes, 10 de noviembre de 2008

CEREBRO Y HOMOSEXUALIDAD

Las diferencias señaladas en el cerebro de hombres y mujeres han llevado a considerar la posibilidad de que exista un estado intermedio, correspondiente al de individuos con características de homosexualidad. Recientemente se ha iniciado la búsqueda de bases orgánicas en el cerebro para explicar la orientación sexual hacia individuos del mismo sexo que se presenta en un segmento de la población humana.

Los hallazgos más notables en este sentido son las diferencias anatómicas en el cerebro de homosexuales masculinos, en comparación con el de los heterosexuales, también masculinos, que se han encontrado en el laboratorio del doctor Simon LeVay, en los Institutos Nacionales de Salud, en Bethesda, Estados Unidos. El antecedente de los estudios del doctor LeVay en este campo, lo constituye un trabajo en ratas en el cual se observó que un grupo de células situado en la parte anterior del hipotálamo, conocida como área preóptica media, es varias veces más grande en el macho que en la hembra. Lo interesante, en relación con la diferencia encontrada en este grupo de células, es que, como se menciona en otra parte de este capítulo, precisamente esta minúscula región del cerebro es la que tiene a su cargo la generación del comportamiento sexual masculino. Recordemos que la interacción de las hormonas masculinas con receptores en el cerebro determina en un momento dado del desarrollo, las características "masculinas" o "femeninas" en el cerebro de los individuos.

Previamente al estudio de LeVay, un grupo de neurobiólogos de la Universidad de California descubrieron que uno de los núcleos neuronales del hipotálamo anterior, el INAH3 (figura VII.5), es claramente más grande en los hombres —hasta tres veces mayor— que en las mujeres. De acuerdo con lo que se mencionó en el párrafo anterior sobre la influencia de las hormonas masculinas en el desarrollo del cerebro, esta diferencia en las células INAH3 se produce como consecuencia de la exposición a los andrógenos del cerebro de un embrión del sexo masculino. Esta observación se ha confirmado después por muchos grupos de investigadores y resulta muy claro que, en efecto, este grupo de neuronas de la región preóptica del hipotálamo es más grande en los hombres que en las mujeres. La aparición del SIDA, y el reconocimiento de que la enfermedad causa alteraciones en el sistema nervioso, hizo que los neurobiólogos se concentraran en el estudio de las características del cerebro de los individuos muertos por la enfermedad. Como el síndrome se presentó con mayor incidencia en los grupos homosexuales, durante el estudio de las características del cerebro de los individuos muertos a causa de esta enfermedad, se examinó también el hipotálamo. Fue entonces que el grupo del doctor LeVay descubrió que el conjunto de neuronas en el área preóptica a la que nos hemos referido, el INAH3, tenía menor tamaño en los individuos homosexuales masculinos, en comparación con los hombres heterosexuales, aunque era en promedio todavía mayor que el de las mujeres (figura VII.6).

Otra diferencia interesante, en relación con este mismo tema, es la encontrada en el tamaño de la comisura anterior, un haz de fibras nerviosas que corre justo arriba del hipotálamo, que es menor en los heterosexuales que en las mujeres, y mayor en los homosexuales varones. Al hacer la corrección por el tamaño del cerebro, esta estructura es similar en tamaño en las mujeres y en los homosexuales.

Figura VII.5. Un grupo de neuronas, el núcleo INAH3, situado en el hipotálamo anterior, es notoriamente mayor en los hombres que en las mujeres.

Figura VII.6. El núcleo INAH3 tiene menor tamaño en los hombres homosexuales que en los heterosexuales, según el estudio de LeVay.

Estas observaciones sugieren la posibilidad de que algunas características anatómicas del cerebro de los homosexuales varones sean intermedias, entre las de las mujeres y las de los heterosexuales hombres, y como consecuencia lógica de esto surgiría la pregunta de si estas características determinan o más bien son consecuencia de las diferencias en su orientación sexual.

El estudio de LeVay despertó gran interés, como es de suponerse, pero fue también sujeto de crítica muy rigurosa por parte de los científicos. Uno de los argumentos que resta solidez a la interpretación de LeVay es, esencialmente, que la mayor parte de los individuos en los que se observó el decremento en el núcleo hipotalámico habían muerto de SIDA, por lo que no puede excluirse la posibilidad de que el virus tenga influencia específica sobre ese núcleo. Esta crítica, sin embargo, no parece tener fundamento, a la luz de los hallazgos más recientes acerca de las características del daño neuronal causado por el virus del SIDA de las células que ataca preferentemente, no son del tipo de las que se encuentran en el INAH3. Otra crítica, que podría tal vez tener mayor solidez, es que la mayoría de los pacientes con SIDA, en las etapas terminales de la enfermedad, tienen niveles de testosterona circulantes mucho más bajos que los individuos sanos. Esta deficiencia hormonal podría, con el tiempo, llevar a la disminución del número de células en la región específica del hipotálamo en la que sí se sabe que las neuronas tienen un gran número de receptores de los andrógenos. La validez de estas críticas podrá ser evaluada en el futuro, cuando se examinen muchos más casos de homosexuales muertos por causas diferentes al SIDA y, en forma correspondiente, de heterosexuales varones muertos por SIDA. Como siempre ocurre en investigación, las interpretaciones se van consolidando cuando las observaciones se confirman en un gran número de muestras.

¿Cuál podría ser la razón de estas diferencias? Por una parte se ha pensado en posibles diferencias cualitativas o cuantitativas en la interacción de los andrógenos con receptores en el cerebro durante etapas tempranas del desarrollo. Otra posible causa que ha sido considerada por los científicos es una diferencia genética, aunque los estudios en este sentido están aún en etapas muy preliminares. De cualquier forma, es aún prematuro obtener algún tipo de conclusión acerca de estas diferencias. Podría pensarse, por una parte, que las diferencias observadas existen desde etapas muy tempranas del desarrollo del cerebro y que están relacionadas con la orientación sexual del individuo. Una segunda posibilidad, que no tiene sustento muy sólido por lo que conocemos acerca de la magnitud de los cambios anatómicos que se desarrollan como consecuencia de la plasticidad funcional del cerebro, es que el comportamiento y las reacciones sexuales y emocionales de los individuos con distinta orientación son las que originan estos cambios. Y una tercera posibilidad es que no existiera ninguna relación entre las diferencias observadas y los patrones de conducta sexual. Ésta es un área de investigación que apenas se inicia y que seguramente se desarrollará vigorosamente en los próximos años.

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Piensan las mujeres de forma distinta a los hombres?

La VERDADERA DIFERENCIA

entre HOMBRES y MUJERES

Yolanda Rodríguez Domínguez.

Profesora C.F.Laboratorio.

IES Santiago Apóstol (Almendralejo)



Los hombres y las mujeres son diferentes. Son iguales únicamente en que son todos de la misma especie, la humana. Pensar que son iguales en cuanto a aptitudes, habilidades o comportamiento significa crear una sociedad basada en una mentira biológica y científica.

Los sexos son distintos porque su cerebro es distinto. El cerebro está organizado de modo diferente en el hombre y en la mujer; procesa información de manera diferente; lo que resulta en percepciones, prioridades y comportamientos distintos.

No es el corazón el que rige lo que somos, el modo en que nos comportamos, como pensamos y lo que sentimos, sino el cerebro. El cerebro se ve influido, en su estructura y funcionamiento, por las hormonas. La estructura cerebral y las hormonas son diferentes en hombres y mujeres; por tanto, no es sorprendente que actúen de manera distinta. Las diferencias en el comportamiento humano dependen de la interacción entre las hormonas y el cerebro.

Para entender las diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer veamos aspectos generales de la organización cerebral:

Controles del lado derecho del cerebro:

- Visual.

- Espacial.

- Visión global.

- Emocional.

- Abstracto.

- formas y modelos.

Controles del lado izquierdo del cerebro:

- Verbal.

- Lingüístico.

- Detalles.

- Práctico.

- Concreto.

- Secuencias ordenadas.

El lado derecho del cerebro controla el lado izquierdo de nuestro cuerpo, y el lado izquierdo el derecho.

Pero, continuando con el tema que nos ocupa, ¿cuáles son estas diferencias en los cerebros de hombres y mujeres?.

En las mujeres la división de funciones entre los dos hemisferios cerebrales está menos definida, tanto el lado izquierdo como el derecho participan en las habilidades verbales y visuales.

El cerebro del hombre es más especializado. El hemisferio izquierdo del cerebro del hombre está dedicado casi exclusivamente a controlar las habilidades verbales y el derecho a las visuales. Los hombres, por ejemplo, tienden a emplear el derecho cuando se dedican a problemas abstractos, mientras que las mujeres emplean ambos lados.

Las reacciones emocionales de las mujeres se sitúan en ambos hemisferios mientras que en el hombre se encuentran en el derecho.

En cuanto a las emociones, hay científicos que sugieren que la diferencia entre las reacciones de hombres y mujeres puede explicarse por las diferencias en la estructura y la organización del cerebro.

El hombre mantiene sus emociones en el hemisferio derecho, mientras que la capacidad para expresar verbalmente sus sentimientos se sitúa en el izquierdo. Como las dos mitades están conectadas por un menor número de fibras que en la mujer, el flujo de información de un lado a otro del cerebro es más limitado. A un hombre le es más difícil expresar lo que siente porque la información fluye con menos facilidad al lado verbal.

La mujer puede expresar sus sentimientos con palabras ya que lo que siente se transmite mejor al lado verbal del cerebro. Le es más difícil separar la emoción de la razón debido al modo en que está organizado su cerebro: se intercambia más información entre los dos lados del cerebro.

Las diferencias.

Los hombres y las mujeres podríamos vivir más felices, comprendernos y amarnos mejor mutuamente, organizar mejor el mundo, si reconociéramos nuestras diferencias.

Las diferencias se observan desde las primeras etapas de la infancia:

- Las niñas dicen sus primeras palabras y aprenden a hablar con frases cortas antes que los niños, y hablan generalmente con mayor soltura. Leen antes y son mejores a la hora de afrontar el desarrollo del lenguaje (gramática, puntuación, ortografía).

En cuanto a los sentidos:

- Las niñas y las mujeres oyen mejor que los hombres y muestran mayor sensibilidad al sonido. Ven mejor en la oscuridad y tienen mejor memoria visual.

- Las diferencias se extienden a otros sentidos. Las mujeres reaccionan más rápida y agudamente al dolor, aunque su resistencia global al malestar a largo plazo es mayor que la de los hombres.

- Los hombres y las mujeres poseen un sentido distinto del gusto: las mujeres son

más sensibles a los sabores amargos y los hombres a los salados. Sin embargo las mujeres poseen mayor delicadeza y percepción gustativa.

Tanto la nariz como el paladar son más sensibles entre mujeres que entre hombres; un ejemplo es su percepción del exaltolide, un olor que se relaciona con los hombres, pero que éstos casi no notan. A las mujeres, este olor las atrae y esta sensibilidad aumenta justo antes de ovular, en un momento crítico de su ciclo menstrual, la biología de la mujer la vuelve más sensible al hombre.

Esta superioridad en tantos sentidos puede medirse clínicamente y , sin embargo, es lo que explica la “intuición” femenina.

Las mujeres están mejor equipadas para percibir cosas ante las que los hombres son comparativamente ciegos y sordos. Están más capacitadas para captar señales sociales y matices importantes en el tono de voz o en la intensidad de la expresión. Los hombres se “crispan” a veces ante la reacción de las mujeres a lo que dicen. No se dan cuenta de que las mujeres están “oyendo” probablemente mucho más de lo que ellos mismos creen estar “diciendo”.

A los hombres les parece que las mujeres son incapaces de centrarse en el objetivo de una conversación sin andarse por las ramas, que nunca dicen claramente lo que quieren y que ellos se ven obligados a “traducir” continuamente el significado de los mensajes.

La mujer utiliza la comunicación indirecta con el objetivo de evitar el enfrentamiento directo y, por tanto, facilitar el entendimiento (ella es la del cerebro comunicador).

Cuando la conversación se produce entre dos mujeres no hay problema porque ambas emplean los mismos recursos y hablan el mismo idioma. Si la conversación se produce entre un hombre y una mujer, él se sentirá totalmente aturdido por la falta de objetivos en la conversación. Pero se equivocan. Existe siempre un mensaje oculto.

Se han observado diferencias en la memoria comparativa de hombres y mujeres. Las mujeres pueden almacenar, al menos durante períodos cortos, más información irrelevante y fortuita que los hombres. Los hombres sólo pueden hacerlo cuando la información se organiza de modo coherente o posee un importancia especial para ellos.

Y sí, los hombres son más egocéntricos. ¿Qué hay de nuevo en eso?. Lo nuevo es que se ha demostrado científicamente este aspecto.

Llegamos a la conclusión de que las diferencias entre hombres y mujeres no es debido sólo a comportamientos sociales y a la educación recibida, si no que tenemos el cerebro y las hormonas diferentes. Las hormonas determinan la organización masculina o femenina del cerebro, a medida que se va desarrollando el ser humano en la matriz de su madre.

Las hormonas entran en el sistema nervioso y afectan nuestro comportamiento. El hipotálamo es el que regula el flujo hormonal. Y según sea hombre o mujer, organiza las hormonas de modo distinto. Ordena a la glándula pituitaria que emita las instrucciones para que se abra y cierre la válvula de las hormonas sexuales. En el caso del hombre, su tarea consiste en mantener el nivel hormonal constante. Pero en las mujeres las cosas son distintas, se crea un sistema de fases o ciclos (normalmente de veintiocho días). ¿Qué mujer no ha escuchado “tienes las hormonas revueltas” en algún momento de su vida?. Por supuesto esto lo dice un hombre.

Ahora ya es cosa aceptada que los cambios regulares en la personalidad de las mujeres se relacionan con las fases del ciclo menstrual, cambios que, para algunas mujeres, significan pasar bruscamente de “ánimo elevado positivo” a “ánimo elevado negativo”, independientemente de los factores sociales. El sol puede brillar, el trabajo puede ser satisfactorio, los niños dulces y buenos, tener el esposo perfecto, pero la mujer es presa de una tristeza biológicamente producida por sustancias químicas.

¿Y el sexo?

El sexo se encuentra, en gran parte, en el cerebro.

La alta concentración de hormona masculina, que actúa en el cerebro masculino por mediación del hipotálamo, significa que los niños son mucho más activos sexualmente que las niñas.

La mente de la mujer está organizada de tal forma que da prioridad a las relaciones, la de él, al éxito. Él conserva un registro de sus conquistas sexuales. La organización del cerebro femenino, de la mente de la mujer, no es tal que pueda mantener el sexo en un compartimiento diferente. Éste es más bien el modelo masculino, el cerebro del hombre tiene un archivador concreto para el sexo, que no guarda relación alguna con las emociones. El de la mujer conecta el sexo con una variedad mucho más amplia de información emocional, donde son muy importantes las relaciones.

A las mujeres no las ciega el deseo impulsado por la testosterona; en el cerebro femenino, los centros de la razón y de la emoción están mejor conectados. La mujer está mejor equipada para analizar sus emociones y razonar acerca de ellas.

Los hombres quieren sexo y las mujeres relaciones. Ellos desean “carne” y ellas amor.

El sexo, la agresividad y la dominación en el hombre son fruto de la interacción entre el cerebro, las hormonas y su naturaleza.

Después de este despliegue de diferencias ¿aún pensamos que el hombre y la mujer son iguales?; es mejor aceptar abiertamente las diferencias complementarias entre hombres y mujeres y aprovecharlas.¿No os parece?



Para saber más:

El sexo en el cerebro, Anne Moir y David Jessel Ed. Planeta.

Por qué los hombres mienten y las mujeres lloran. Allan y Barbara Pease. Amat Editorial.

Más enlaces:

http://www.gueb.org/Psicologia/Diferencias-Hombre-Mujer

http://www.elpais.com/articulo/salud/Cerebro/hombre/cerebro/mujer/elpsalpor/20060321elpepisal_5/Tes

¿Quién es más Inteligente el hombre o la Mujer?

http://www.eduardpunset.es/charlascon_detalle.php?id=25